Crítica: "Una especie de familia", tomar partido

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Bárbara Lennie, en "Una especia de familia"
Por Edurne Sarriegui     
   
El argentino Diego Lerman estrena en salas comerciales su largometraje "Una especie de familia" (2017) que acaba de tener su premiere mundial en el Festival de Toronto y competirá en la sección oficial de próximo Festival de San Sebastián. Repitiendo dupla guionista con María Meira, vuelve a transitar el mundo de la maternidad, esta vez con un punto de vista distinto al que tocó en "Refugiado" (2014). Este drama toma como punto focal el deseo de ser madre a cualquier costo y consigue con éxito transmitir la angustia que conlleva.

Malena (Bárbara Lennie) es una médica porteña que viaja hasta Misiones para estar presente en el nacimiento del niño que va a adoptar. En el camino ya se hace patente que las cosas no están bien en la vida de Malena. Más allá de la carga emotiva que supone un proceso de adopción se presiente algo más amargo que la lleva a la desesperación.

Cuando llega a su destino se encuentra con el Dr. Costas (Daniel Aráoz), el médico encargado de concretar la adopción y el que puso en contacto a ambas madres, la biológica y la adoptante. Marcela (Yanina Ávila) es una mujer pobre y con varios hijos que elige entregar al último en adopción para asegurarle un mejor futuro.

La trama descubre  poco a poco la red de corrupción que entraña la adopción ilegal. Una práctica abominable que disfraza de buenas intenciones el tráfico de personas, implica a autoridades de distintos niveles y muestra a ambas madres como los eslabones más débiles de esta cadena.
 
El viaje de Malena bajo la lluvia está cargado por la duda y la angustia que poco a poco irán descubriendo que el drama de la mujer es mucho más profundo de lo que una adopción implica. El guion de Lerman y Meira expone lentamente la vida rota de la protagonista sin juzgarla, dejando que el debate quede a cargo de los espectadores.

"Una especie de familia" pone sobre la mesa un tema urticante. Acierta en la manera de mostrar los límites éticos y emocionales de Malena. Y cuando la suerte ya está echada sorprende con un giro salomónico que empodera a las mujeres, principales víctimas -junto a la criatura- de un entramado corrupto triplemente vil: por comerciar con personas, por tomar ventaja de sentimientos profundos y por provenir de aquellos que tienen como misión cuidar y aplicar la legislación vigente. Desarrolla un drama social que no deja indiferente al espectador y obliga a reflexionar y tomar partido.

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